La cultura organizacional y concretamente la cultura de riesgos que posee una organización afecta en los resultados económico-financieros de la misma. Según los expertos, tiene un impacto real en el medio y largo plazo.

En julio de 2016 el FRC (Financial Reporting Council UK) publicó “Cultura Corporativa y el papel de las juntas”, donde destacaba que “una cultura corporativa saludable es un Activo, una fuente de ventaja competitiva y es vital para la creación y protección de valor.”

Pero, ¿qué es la cultura organizacional? Para Edgar Schein (1984). “Cultura organizacional es el patrón de premisas básicas que un determinado grupo inventó, descubrió o desarrolló en el proceso de aprender a resolver sus problemas de adaptación externa y de integración interna y que funcionaron suficientemente bien a punto de ser consideradas válidas y, por ende, de ser enseñadas a nuevos miembros del grupo como la manera correcta de percibir, pensar y sentir en relación a estos problemas”.

Esta definición es perfectamente aplicable a la cultura de riesgos que posee una organización.

Y ¿qué sería una cultura organizacional no saludable? Pues una cultura que no estuviera alineada con los objetivos estratégicos de la empresa.

De nada sirve tener un enunciado o unas máximas en una empresa, si no son asumidas ni seguidas por la dirección de la empresa y por sus empleados. La cultura que se quiere trasmitir a los empleados no debe ser un enunciado, sino el ejemplo que dan sus líderes. Para mantener una cultura organizacional es importante tener un equipo estable. Las plantillas variables, con personal con poca antigüedad, no favorecen el arraigamiento de una cultura organizacional ni una cultura de riesgos saludable.

Por lo que, la cultura se adquiere con el tiempo. Las organizaciones que inician su actividad, no tienen una cultura organizacional ni una cultura de riesgos. Además, está condicionada por varios aspectos, entre ellos el contexto, pero, sobre todo, la cultura organizacional o de riesgos dependen de las personas. Las crean las personas, condicionadas por el entorno.

Para conocer la cultura organizacional o de riesgos que impera en una organización hay que tener en cuenta diversos aspectos como: los valores, los lenguajes, las actitudes, las costumbres, los símbolos, las estrategias, las historias, las normas y las creencias.

Y conocer la cultura de una empresa, permite comprender comportamientos como las relaciones de poder, las reglas no escritas, lo que se tiene como verdadero…Y por supuesto condicionará cómo se reacciona ante los riesgos. Es un factor a tener en cuenta en la toma de decisiones.

Como he comentado antes, la cultura depende del contexto. Sería un error implantar una cultura organizacional desarrollada en un país y pretender aplicarla en otro, ya que el entorno influye inevitablemente sobre la cultura. Una organización con sedes en diferentes países o entornos debe tener culturas organizacionales diferentes.

En el caso de la cultura de riesgos ocurre exactamente lo mismo: La cultura de riesgos de una organización está influida por las peculiaridades culturales del entorno. La percepción del riesgo variará en función del marco legal que aplique, del mercado financiero donde se desarrolle la actividad, de la localización geográfica (clima, conflictos territoriales, actividad tectónica…), entre otros.

Pero ¿Cómo conseguir una cultura de riesgos saludable? Hay una serie de competencias que se deben desarrollar e implantar:

  • Liderazgo: Un liderazgo fuerte dentro de las organizaciones en relación a las estrategias, los proyectos, las operaciones…incorporando la cultura deseada en todos los niveles y en todos los negocios, gestionando el rendimiento y la recompensa, apoyando comportamientos alineados con el propósito, valores, estrategias y negocios de la organización.
  • Participación: De todas las partes interesadas en todo el proceso de gestión de riesgos: planificación, identificación, análisis y evaluación. Hay que ser abierto y respetar una amplia gama de intereses de las partes interesadas.
  • Responsabilidad: Tomar conciencia de las actuaciones tomadas para tratar los riesgos. Rendición de cuentas, lo que nos referimos con accountability.
  • Aprendizaje: Aprender procesos y técnicas para la gestión de riesgos, así como aprender de los errores y logros.
  • Comunicación: Comunicación y transparencia sobre la gestión de riesgos, logros, objetivos y lecciones aprendidas.

Poseer una cultura de riesgos saludable permitirá asegurarnos que se logre una respuesta consistente ante riesgos similares. Esto es clave ante una crisis o materialización de un riesgo.