El contexto de la empresa actual ha hecho cambiar la actitud de las empresas ante los riesgos. Esto es una afirmación que vamos repitiendo en nuestros artículos.

Según el Observatorio de Responsabilidad Social Corporativa (RSC), la RSC es “una forma de dirigir las empresas basado en la gestión de los impactos que su actividad genera sobre sus clientes, empleados, accionistas, comunidades locales, medioambiente y sobre la sociedad en general.”

Hace 20 años, las empresas actuaban reactivamente al riesgo: después de no haber actuado éticamente, efectuaban alguna acción para limpiar la imagen y con eso era suficiente. Una mala praxis de una empresa, una denuncia formal o una mala gestión de recursos llegaba a un círculo reducido de stakeholders, por lo que el impacto sobre la empresa era más o menos controlable y reconducible.

Las empresas “daban” porque previamente habían “quitado”.

Actualmente, esto ha cambiado radicalmente. Se ha producido un cambio cultural en la percepción de los riesgos, a causa de un cambio en el contexto de las organizaciones. La globalización, los sistemas de información, las redes sociales…representan un nuevo escenario en el mundo empresarial, donde las noticias, ciertas o no, se transmiten a todos los stakeholders de manera casi inmediata y de manera incontrolada.

Por este motivo, la concepción de RSC, ya no es reactiva sino proactiva. Ahora las empresas que subscriben la RSC aceptan realizar actuaciones para “dar” a la sociedad.

De hecho, la RSC es una oportunidad de generación de recursos económicos derivados de la atracción de talento que quiere entrar a formar parte de la empresa y de generación de negocio por la difusión positiva de la marca.

Esta actitud proactiva de las organizaciones respecto a un riesgo nuevo que se ha presentado, y que lo ha convertido en una oportunidad, revela una madurez de análisis y gestión de riesgos que conlleva beneficios a corto y largo plazo.

A largo plazo como los descritos anteriormente y a corto plazo porque un trabajador “feliz y satisfecho” es más productivo. Así de simple.

Por otra parte, recientemente ha sido modificado el Código de Comercio (Ley 11/2018, de 28 de diciembre) para añadir un nuevo requisito legal a empresas con más de 500 trabajadores o consideradas de interés público.

Se ha modificado y ampliado el artículo 49 del mismo, obligando a este tipo de empresas, a presentar el estado de información no financiera que incluye “el impacto de su actividad respecto, al menos, a cuestiones medioambientales y sociales, al respeto de los derechos humanos y a la lucha contra la corrupción y el soborno, así como relativas al personal, incluidas las medidas que, en su caso, se hayan adoptado para favorecer el principio de igualdad de trato y de oportunidades entre mujeres y hombres, la no discriminación e inclusión de las personas con discapacidad y la accesibilidad universal.”

Es decir, que el Estado obligará a las empresas descritas, a presentar un estado de Responsabilidad Social Corporativa ante la Administración, a final de cada ejercicio, por lo que deberán integrar la RSC en su gestión empresarial.

A pesar de que el requisito legal, sólo afectará a un tipo de empresa determinada, quién no aplique la RSC en su negocio, sufrirá las consecuencias, quizás no a corto plazo, pero sí en un futuro, ya que no habrá tenido en cuenta un riesgo inherente en el contexto empresarial actual.

De todo ello, sacamos dos conclusiones:

  • Las empresas deben gestionar responsablemente y ser responsables para tratar ese nuevo riesgo que ha aparecido en el contexto empresarial para no sufrir las consecuencias, y
  • Para hacer negocios y continuar en el mercado, las empresas se deben ganar la aceptación social.